El año pasado empecé mis estudios en Donosti con la misma idea que había tenido desde que empecé la universidad, quería irme al extranjero a estudiar durante un año. Inicialmente la idea era la de mejorar mi inglés y de paso aprovechar para conocer gente, lugares y otras culturas, poco me imaginaba yo que iba a acabar en París.

Cuando vi por primera vez la lista de destinos disponibles para la beca Erasmus en la universidad de San Sebastián la opción de París pasó completamente desapercibida. Como opciones principales contemplaba Aberdeen (en Escocia) y Leuven (en Bélgica), parecían los mejores destinos por cercanía a Londres y el uso del inglés.

Leí múltiples opiniones acerca de Aberdeen, todas coincidían en lo cortos que son los días y el frío que hace por esos lares, además el transporte entre Aberdeen y Londres no es lo más cómodo o barato. Todo apuntaba a Leuven, una pequeña ciudad muy Europea que recibe montones de estudiantes Erasmus cada año, eso sí, había que llegar allí un par de semanas antes para encontrar alojamiento. La opción allí era hacer algunos cursos de un master en Inteligencia Artificial aunque no estaba seguro de que eso era lo que quería hacer. El transporte desde allí a Londres es simple, tren a Bruselas y desde allí el Eurostar a la capital británica.

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